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cuatro juegos en la web, sin cuenta y sin tarjeta.
Juega gratis ahoraEduard Arias · fundador de MASGAB · Soacha y Bogotá, Colombia
Todo empezó en el chat de un videojuego. Jugaba Call of Duty: Modern Warfare 2 en línea y quería entender lo que escribían los demás jugadores. Mi computador no daba para cambiar de pantalla, así que tenía un diccionario a mi lado y traducía cada mensaje a mano.
Después quise entrar al clan NBS, Natural Born Snipers. Para eso había que aplicar en su página web, y ahí escribí mis primeros textos en inglés. Me aceptaron: mi perfil era [NBS]Blu3_toys.
En TeamSpeak los escuchaba hablar en vivo. Trataba de reconocer las palabras que ya sabía y anotaba las que no, para buscarlas después. Así fui construyendo mi inglés, poco a poco, sin sentirlo nunca como una carga.
Crecí entre Bogotá y Soacha, en una familia humilde. Mi mamá vendía empanadas desde las cuatro de la mañana, y durante años yo la ayudaba a desmechar el pollo. Mi papá fue vigilante toda su vida y nunca faltó a un día de trabajo. De ella aprendí a madrugarle a lo que uno quiere. De él, que rendirse no es una opción.
Prueba · falta el permiso de la familiaEmpecé la universidad dos veces, en la Universidad Distrital y en la de Compensar, y las dos veces me tocó dejarla. Mi primer computador lo compré a los 22 años, con mi propia plata.
El inglés que empezó en un videojuego lo terminé de pulir trabajando: Teleperformance, Saitel, Sutherland y por último Asurion, en la cuenta de Verizon, haciendo soporte técnico y ventas. Fui de los mejores vendedores, y nunca hice trampa para lograrlo.
En Asurion me hice una promesa: no volver a un call center. Esa promesa es parte de por qué hoy existe MASGAB.
Mientras trabajaba en Asurion quise hacer algo diferente, desde casa. Estudié arquitectura de bases de datos y SQL, un curso completo, y apliqué a más de cien empresas en LinkedIn.
Ninguna creyó en mí: no tenía experiencia. Fue imposible conseguir ese trabajo.
Y ahí entendí algo que llevaba toda la vida adentro: yo no quería solo un trabajo diferente. Siempre había querido hacer algo más grande.
Así que me quité el miedo de encima y me lancé con cuerpo y alma por mi proyecto: MASGAB. Hace más de dos años dejé mi trabajo para construirlo. Fue mi decisión, y la tomé sabiendo lo que arriesgaba.
Lo más difícil fue no contárselo a mi familia al principio. No quería preocuparlos. Cuando lo supieron, nunca me juzgaron. Ellos me sujetaron entre sus manos cuando me sentí completamente solo. Mi familia es mi salvación.
Natacha fue parte de nuestra familia durante 13 años. Antes de una operación de la que ya no volvió a nosotros, le hice una promesa: le dije que no sabía ni cómo ni cuándo, pero que yo iba a cambiar el mundo.
Lo guardé en secreto hasta hoy. Solo ella y yo lo sabíamos. Ahora lo sabe el mundo entero, porque le voy a cumplir mi palabra.

Soy curioso de todo. Toco guitarra y batería, armo cubos de Rubik, programo y aprendí bases de datos por mi cuenta. Nunca dejé de aprender, porque aprender a mi manera siempre me hizo feliz. Viva el conocimiento, viva la curiosidad.
Eso es lo que quiero que viva quien llega a una mesa de MASGAB. Ahí nadie te juzga. La gente se siente incluida, y descubre que es capaz de mucho más de lo que se imaginaba.
Si creciste donde yo crecí, esto es para ti. Sueña en grande. No importa de dónde vienes ni lo que te ha tocado vivir: convierte ese dolor en energía y haz con ella algo maravilloso.
Yo empecé con un diccionario de papel y un computador que apenas aguantaba. Si yo pude, tú también puedes. Y recuerda lo que aprendí de mi papá: rendirse no es una opción.
Esta es mi historia. La tuya puede empezar hoy, jugando.
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